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Colombia: Una lucha al ritmo de la cultura

Agosto 6, 2018 / por

Colombia: Una lucha al ritmo de la cultura

Leyendo un artículo en el NY Times en español: “La verdadera derrota de Colombia”, donde se habla de cómo Colombia ha evolucionado idiosincráticamente, reflejándolo en aspectos deportivos, en alusión a que hoy para el colombiano, ya no existen victorias morales, y que desea ser medido con la vara de los grandes, lamentando no poder llegar a ese peldaño, que parece ser reservado para unos pocos. No obstante, hoy la lucha en Colombia, en aspecto deportivo, va por ese sendero, uno de superación.

Ahora, ese cambio de mentalidad, lamentablemente, ha sido más difícil al momento de sensibilizarse por temáticas de otra índole, esas que de verdad conciernen. Si referimos al texto de Alberto Salcedo Ramos, éste no cuestiona el amor por el fútbol y la pena que generó la eliminación de Colombia, en manos del cuadro Ingles en el pasado Mundial de Rusia, pero si alerta que ese lamento debe ser en justa medida, eso es una mera derrota deportiva.

Colombia sufre ese fracaso deportivo, pero pareciera que la violencia y las violaciones sociales se sotierran, se visibilizan con miedo, dando la impresión que no fuese importante. Al parecer, el opio del pueblo, logra desviar las miradas de un pueblo que de reojo  mira matanzas, narcotráfico, corrupción e injusticia, dando a entender que lo “único” que parece importar, es el fracaso de 23 compatriotas tras un balón de fútbol. Salcedo se refiere a un fracaso histórico, como país, como pueblo, restando trascendencia a un simple descalabro futbolístico.

Esto da para pensar, Colombia en la región siempre ha sido tildada de una nación asidua a tener episodios inquietantes, que al parecer penetran hasta las esferas más infranqueables de la institucionalidad del país. Ese estigma es duro de llevar, ya que enmascara realidades que son mucho más amables y humanas. Ahora ¿cómo se puede entender el arte en un país tan turbulento y cargado de prejuicios?

Octavio Arbeláez, Colombiano, director de Circulart, quien visito Chile el 2016, relató su experiencia en  Infante 1415, donde afirmó que la música es motor de desarrollo. Él ha sido testigo de cómo ésta desestigmatiza a las ciudades, transformándolas en un trampolín cultural.

Por eso son tan importantes las diferentes manifestaciones artísticas, debido a que estas se presentan como un alterador del entorno, donde empleos, pasatiempos y conciencia social emergen. El arte pasa a ser un transformador inigualable, ya que este genera pertenencia.

Arbeláez diría en Infante: “Nosotros arrastramos al Estado…” Eso muestra lo importante que es hacer y no esperar, el proponer. La idea de fomentar el arte y generar una industria en torno a  él. Medida infalible para que las instituciones vean un trabajo serio, al cual solo le deben entregar apoyo, dejando a un lado la pasividad de las instituciones gubernamentales.

IMESUR, bajo esa premisa, entiende el arte y apuesta a que la música sea una plataforma de cambio, una que pueda ayudar a visibilizar problemáticas y realidades, ser una instancia de comunión entre quienes crean y ayudan en ese proceso, a esa (re) evolución.